Siempre, en estos reacomodos geopolíticos, quedan las preguntas de espías. ¿Qué tanto están relacionados los sucesos de 2026 en Venezuela, Irán y ahora en Cuba?
Probablemente mucho, dado que son regímenes paria que decidieron no sujetarse a las reglas del derecho internacional que prolijamente Donald Trump y sus acólitos están destruyendo todos los días. Los musulmanes chiitas eran aliados de los chavistas en Venezuela. No dudaría que haya inteligencia obtenida por espías cubanos sobre Estados Unidos que hayan compartido con los iraníes.
Probablemente, si los tres países no estuvieran cercanamente relacionados como enemigos de los Estados Unidos, no sería sensato para el gigante norteamericano abrir frentes por triplicado en su propio hemisferio occidental y en el Golfo Pérsico al mismo tiempo. Las consecuencias en los mercados energéticos eran de esperarse. Los precios del petróleo se mantendrán altos porque la Tercera Guerra del Golfo no va a durar poco tiempo. No sé si cuatro años como en Ucrania, pero será un conflicto que probablemente durará al menos hasta el 2027. A pesar del dolor en el bolsillo del consumidor urbano estadounidense de gasolina, el conflicto le da salida al gas y petróleo de lutitas del Midwest americano, y le da una opción política a la Fed para no bajar las tasas como quería Trump. Hasta el momento, ha logrado desde el 28 de febrero la venta masiva de equities, acciones empresariales especulativas, y el retorno de los capitales a ETFs y commodities. La guerra en Irán ha causado una ligera apreciación del dólar vs la canasta de monedas DXY.
A Trump le ha permitido deshacerse de alacranes en el bolsillo como el comentarista Tucker Carlson, quien al parecer estaba espiando a los americanos y filtrando información a los iraníes. La CIA lo usó para hacer llegar a Alí Jhamenei una noticia falsa de que Estados Unidos no atacaría cuando atacó, información que lo invitó a salir, y morir como murió. También llevó a la renuncia del director del Centro de Contraterrorismo, Joseph Kent, quien también presuntamente estaba espiando para los ayatolas. Trump también ha usado la guerra como un pretexto para fustigar a sus aliados de la OTAN. Le puso una cachetiza figurada a Pedro Sánchez, amenazándolo con sanciones comerciales si no le permitía el uso de bases en territorio español; humilló a Sir Keir Starmer, primer ministro británico, diciendo que “no es Winston Churchill”; rabió ayer furiosamente contra Boris Pistorius, el ministro de defensa alemán, quien se rehúsa a enviar barcos o tropas a Ormuz. “Hemos gastado billones en nuestros aliados europeos, y no pueden ayudarnos”, dijo, palabras más, palabras menos. Trump está obteniendo pretextos perfectos para salirse de la OTAN con la guerra de Irán. También, la ONU parece estar en situación desesperada; a menos que Estados Unidos y otros países miembros no se pongan al día en sus cuotas, tendrá que cerrar sus puertas.
La “liberación” de Cuba es el evento de marzo. Los cubanos llevaban años vendiendo un bloqueo comercial que en realidad no existía. Trump y Rubio leyeron muy bien que lo único que había que hacer para que el régimen colapsara es hacer efectivo el mentado bloqueo. Sanciones comerciales a los países que osen ayudar a los cubanos, y rápidamente el régimen se cae. Ayer Díaz Canel anunció apertura: que los cubanos en el exterior podrán invertir en la Isla. Dado lo limitado de la comunidad cubana en Moscú, los ganadores serán los descendientes de los exiliados en Miami desde el 59.
Hay quien dice que el ganador es Putin. Que el cierre de Ormuz y la relajación de sanciones para el petróleo ruso le dan un respiro a Rusia en su guerra ucraniana. Ciertamente, los cientos de millones de dólares diarios en exportaciones de petróleo liberadas ayudarán a los rusos, pero no creo que sean suficientes para ganar la guerra en Ucrania. Ante la galvanización de las relaciones europeas y británicas con Estados Unidos, es posible que la Unión Europea y la OTAN se concentren en ayudar a Ucrania a ganar la guerra y a encontrar un equilibrio propio en donde ya no dependan de los Estados Unidos.
Para México, en este momento habría que seguir el consejo de Ruiz Cortines a Echeverría: “Piensa muy bien lo que vas a decir, y nunca digas lo que piensas”. En algún momento, la simpatía histórica por el régimen castrista se enfrentará con la ira de Trump, y en medio de las negociaciones de revisión del T-MEC, la rabia naranja puede ser catastrófica.

