El shock petrolero internacional llegó en el peor momento para la Argentina. Lejos de ser una oportunidad, reduce los márgenes de maniobra del gobierno y, según el economista Jorge Vasconcelos del IERAL, “puede terminar empujando en la dirección que el Gobierno debería haber diseñado meses atrás“.
El detonador político más reciente fue la renuncia de Alejandro Leu, secretario de Finanzas. Para Vasconcelos, el episodio no es menor: “el gobierno tiene el diagnóstico de que no merece el riesgo país” que Argentina tiene. El mercado, sin embargo, no comparte ese optimismo oficial.
El riesgo país oscila en torno a los 550 puntos. El Gobierno cree que merece 300. Pero, como sintetizó el analista con una metáfora del ajedrez: “si el riesgo país está en 550, el que manda es el mercado”.
Frente a ese diagnóstico, Vasconcelos señala un camino concreto: seguir el modelo Ecuador. Ese país realizó un canje de deuda voluntario y logró bajar su riesgo país a 450 puntos. “Con 450 puntos Argentina podría perfectamente hacer esta operación estirando vencimientos”, afirmó el economista en diálogo con el canal de streaming Ahora Play.
El argumento se sostiene en números duros. Argentina enfrenta u$s 31.000 millones en vencimientos hasta diciembre de 2027. El Banco Central compró más de u$s 3000 millones desde enero, pero las reservas netas cayeron u$s 2000 millones. La razón es una sola: no hay roll-over de los vencimientos.
“Esos son los números que los analistas miran más allá de las declaraciones“, remarcó Vasconcelos. El Gobierno dice que tiene todo cubierto, pero el mercado ve otra cosa y el riesgo país lo refleja con precisión.
El canje tiene un costo. Los bonos nuevos implican tasas cercanas al 9 o 10% anual. Pero el analista insiste en encuadrar el debate correctamente: “¿Cuál es el costo de oportunidad de estar con este flanco descubierto?”
Ese costo, además, crece con el tiempo. Si la estanflación global se materializa, colocar deuda será aún más difícil. Ya hay señales inquietantes: fondos de BlackRock y Morgan Stanley restringieron retiros a sus inversores en Estados Unidos.
El otro gran frente de debilidad es el cambiario. Desde que asumió, el Gobierno acumuló cuatro esquemas cambiarios distintos: el crawl al 2%, luego al 1%, después una banda con techo al 1% y finalmente una banda ajustada por inflación pasada.
Esa secuencia de ensayos dejó marcas. “Seguimos con un régimen monetario cambiario de transición, no estamos en un régimen definitivo, y eso puede estar afectando al tema de anclar las expectativas”, advirtió Vasconcelos.
Las consecuencias son visibles en el comportamiento empresario. Muchos mayoristas ya no remarcan precios al ritmo del tipo de cambio observado, sino al ritmo del techo de la banda cambiaria. Fijan precios altos y luego venden con descuento, un mecanismo que alimenta la inercia inflacionaria.
El trilema que el Gobierno se propuso resolver —bajar la inflación, acumular reservas y reactivar la economía— sigue sin resolverse. Y el tiempo juega en contra. “El 2026 esa posibilidad ya no está”, dijo el analista, refiriéndose a la chance de mostrar una desinflación tan pronunciada como la de 2025.
“El programa financiero está demasiado a la intemperie”, concluyó Vasconcelos. La renuncia de Leu es apenas la punta visible de un debate interno más profundo: a qué tasa está dispuesto el Gobierno a replicar el camino ecuatoriano.

