En un sistema eléctrico cada vez más demandante, construir resiliencia será tan importante como construir capacidad, explica Raúl Asís Monforte.En un sistema eléctrico cada vez más demandante, construir resiliencia será tan importante como construir capacidad, explica Raúl Asís Monforte.

Microrredes: la respuesta inteligente al hambre energética

Hay pocos temas que hoy generen tanta conversación y tanta polémica como los centros de datos. Son el corazón físico de la vida digital de la que hoy nadie puede ni quiere prescindir. Ellos almacenan, procesan y distribuyen la información que sostiene internet, la nube y, cada vez más, la inteligencia artificial. Sin embargo, también son señalados como gigantes voraces consumidores de energía, capaces de tensionar redes eléctricas completas y de alterar planes de expansión de capacidad en múltiples regiones del mundo.

La crítica no es menor. Algunos complejos de nueva generación demandan cargas comparables a las de ciudades medianas. Y los proyectos más grandes en desarrollo ya se miden en gigawatts de capacidad requerida. Para las empresas eléctricas, atender estas solicitudes implica inversiones multimillonarias en generación, transmisión y distribución que no siempre pueden ejecutarse al ritmo que exige el mercado digital.

Pero hay una realidad difícil de evadir, y es que prescindir de los centros de datos no es opción. El costo de la indisponibilidad de servicios digitales, desde internet, nube, transacciones, plataformas y hasta la IA, puede superar los catorce mil dólares por minuto. Nuestra economía, productividad y seguridad operativa dependen de su continuidad.

Aquí es donde conviene voltear la mirada hacia la verdadera pieza estratégica de esta conversación, las microredes eléctricas. Una microred es un sistema energético local que integra diversas fuentes de generación, solar, eólica, baterías, generadores de respaldo e incluso la red pública, coordinadas todas ellas mediante controles inteligentes para ofrecer energía confiable y de alta calidad de manera continua. Puede operar conectada a la red general o de forma aislada si ocurre una falla externa. Esa flexibilidad la convierte en una herramienta clave de resiliencia.

En muchos desarrollos de centros de datos, las microredes aparecen primero como solución temporal durante la fase de construcción, cuando la infraestructura eléctrica definitiva aún no está disponible. Sin embargo, cada vez con mayor frecuencia permanecen como parte definitiva de la arquitectura energética del proyecto. La razón es simple, cuando el centro entra en operación, su demanda se multiplica y la microred deja de ser un “puente” para convertirse en un “seguro”.

Estas configuraciones pueden ir desde algunas decenas hasta varios cientos de megawatts, combinando generación renovable con almacenamiento y respaldo térmico. El sistema compensa automáticamente cualquier interrupción de una fuente con otra, reduciendo riesgos y evitando paros que son muy costosos.

Pero limitar las microredes al mundo de los centros de datos sería un error de enfoque. Su valor es mucho más amplio. En países de América Latina, incluido México, donde la capacidad de suministro enfrenta restricciones, saturaciones regionales y vulnerabilidad operativa, las microredes representan una alternativa real para proyectos industriales y comerciales de mediana y gran escala.

No solo aportan confiabilidad. También ayudan a reducir emisiones, facilitan el cumplimiento de metas ESG, permiten gestionar costos energéticos con mayor control y fortalecen la reputación corporativa. En otras palabras: no son solo una solución técnica, sino estratégica.

Por eso, más que ver a los centros de datos como el problema, conviene entenderlos como el acelerador de una solución que llegó para quedarse. Las microredes no son un parche, son un nuevo modelo de arquitectura energética distribuida.

Y en un sistema eléctrico cada vez más demandante, construir resiliencia será tan importante como construir capacidad.

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