“¿Cuándo volvés? Tenés que volver", dice una mujer al pasar por al lado de Horacio Rodríguez Larreta. Faltan alrededor de diez minutos para las 16 y sobre la Avenida Santa Fe, a pocas cuadras del shopping Alto Palermo, transeúntes se detienen y comerciantes se asoman a la puerta de sus locales para tomarse una foto, saludarlo o simplemente ratificarle que esperan encontrar una lista con su nombre en 2027.
La respuesta del exjefe de gobierno es siempre la misma: que tienen que ayudarlo para que eso suceda, y más aún, para garantizar su retorno a Uspallata. Es que, aunque falta más de un año, Rodríguez Larreta ya se alistó para la carrera por la conducción por la ciudad.
Ayer, lanzó “Metrópolis”, el espacio con el que aspira a pelear por la Capital en 2027. "Tengo voluntad y voy a trabajar para eso“, ratificó anoche en una entrevista que concedió al periodista Carlos Pagni en el programa Odisea Argentina, que se emite por La Nación +.
En su reaparición pública, Larreta criticó los efectos del modelo económico de Milei, dijo que le preocupa el nivel de desempleo y volvió a apuntar contra los Macri. “Se entregaron a LLA para formar parte de las colas de las listas“, remarcó.
Desde hace meses, Larreta afirma que se aboca a reunirse a diario con vecinos para moldear su agenda y convertirse en una oposición incómoda para Jorge Macri. Es a él, su sucesor en 2023, a quien buscará desafiar en las urnas el año que viene. Deberá enfrentar también a los libertarios y el PJ.
El olor a pis que señalaba en la previa de los comicios locales del año pasado ya no es tal, pero las falencias en la limpieza del espacio público sigue en boca de los vecinos porteños. “Mugre”, se dispone a anotar en su cuaderno cuando, cerca de las 16:30, a pocos minutos de inaugurada una charla con residentes de Recoleta. Es lo primero que le señala una de los cinco presentes y nadie la contradice.
“Las empresas son las mismas, los contratos son los mismos. Es un problema de gestión”, asegura. Antes y después de la reunión, no deja de señalar la basura que se acumula afuera de los contenedores y los papeles que se asoman por la hendija de su bandeja.
La higiene urbana es uno de los ejes de la agenda que tiene previsto trabajar desde la Legislatura porteña, donde -en tándem con Confianza Pública y el MID de Oscar Zago- armó un interbloque de siete diputados. Inexperto en el ámbito parlamentario, cedió a su alfil Emmanuel Ferrario el liderazgo de la bancada con la que apostará a impulsar proyectos que preparen su desembarco en la sede de gobierno local en 2027.
Anoche, Larreta reiteró que “la ciudad está sucia” y lamentó que se haya interrumpido el “programa de reciclado”.
La semana pasada, el gobierno porteño anunció cambios en la gestión de limpieza: Jorge Macri le sacó el control del área a Ignacio Miguel Baistrocchi, ministro de Espacio Público e Higiene Urbana, y designó como nuevo responsable a Matías Lanusse, que depende de Gabriel Sánchez Zinny, jefe de Gabinete.
En su entorno adelantaron que pujará por una modernización del estado y obras viales como el viaducto del tren Sarmiento, a la vez que buscará rescatar políticas que ya había promovido desde el Ejecutivo como la integración sociourbana de los barrios populares. Son lugares que -consideran- Jorge Macri dejó vacantes.
“Hay que darle prioridad al sur de la ciudad. Hay que hacer la obra para levantar el Tren Sarmiento y levantar barreras para ganar 25 pasos”, apuntó.
En los últimos meses, el jefe de gobierno porteño y primo de Mauricio macri optó por endurecer su perfil y redirigió el foco de su administración hacia la defensa de la propiedad privada -con anuncios de desalojo- y el orden del espacio público.
Mientras observa cómo su sucesor se alinea con La Libertad Avanza (LLA), Larreta se entusiasma con la posibilidad de erigirse como el principal exponente de los sectores más moderados. Confía en que, un año y medio, bastará para que el péndulo electoral deje de oscilar sin escalas entre los extremos.
Las PASO no le preocupan. En esa instancia -evalúan en su entorno- el riesgo es mayor para Macri, que deberá vencer al sello violeta o demostrarle, antes del cierre de listas, que él sería mejor candidato que la diputada nacional Patricia Bullrich o el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para ganar el voto de derecha. Larreta apuesta a enfrentar a cualquiera de ellos en un balotaje.
El principal desafío es hacerse con un lugar en esa última batalla, en aumentar el 8% que consiguió en mayo pasado -y que lo dejó cuarto en el ranking- y quedarse con el segundo puesto en la primera vuelta. Se trata de quedarse con el lugar que ocupó por décadas el peronismo, hoy fortalecido por ostentar la primera minoría en el parlamento local.
Si supera esa prueba, confía en poder imponerse en un balotaje, incluso si volviera a enfrentar -como en la interna nacional de Juntos por el Cambio en 2023- a la exministra de Seguridad. A principios de año, ya ensayó -en un cruce en redes sociales por la captura de Nicolás Maduro- una estrategia más confrontativa con la que encarar una eventual reedición de esa disputa.
Mientras tanto, en el Movimiento al Desarrollo, el think tank que creó tras su derrota electoral en las presidenciales de 2023, trabajan para formar perfiles técnicos que puedan acompañarlo en Uspallata si logra superar el test electoral. Por eso, hace pocas semanas, lanzaron la convocatoria Horizonte 27 que -según advierten cerca el exalcalde- ya cuenta con récord de inscriptos y pretende engrosar su estructura partidaria tras el distanciamiento de Pro. A pesar del divorcio de hace un año, tanto él como dirigentes afines continúan afiliados al sello amarillo.
“Estoy para hablar con los que piensen similar”, dijo anoche en LN+.
En el equipo de Rodríguez Larreta avanzan con estos preparativos sin ignorar que aumentar su caudal de votos para la primera vuelta no es una tarea sencilla. Los reclamos vecinales contra Macri -e incluso el reconocimiento que recibe a su “mirada más humanista” respecto de las villas y las personas que pernoctan en la calle- son una base sólida sobre la que construir, pero no es suficiente. “No se gana una elección con nostalgia”, plantean en su entorno.
Por eso, no deja de llenar cuadernos con ideas ciudadanas y áreas grises sobre las que intentará dejar huella con proyectos de ley. Es el producto de las reuniones con vecinos -en ocasiones, hasta cuatro veces al día- que también actúan como un termómetro personal con el que mide el humor social no solo en torno a Macri, sino también a Javier Milei.
Indaga sobre cuánto se percibe la desaceleración inflacionaria, el nivel de actividad en los comercios y el impacto de los recortes impulsados por el oficialismo nacional. También sobre la aceptación que mantiene el modelo político que apuesta a la polarización y lo devolvió al llano hace tres años. La cuestión de fondo: cuánto espacio se va abriendo, de manera progresiva, para una opción menos radical en sus formas.
“Nunca se vio tanta gente en la calle. Aumentó 70% en los últimos dos años”, resaltó Larreta anoche en diálogo con Pagni.


