La lucidez de Jorge Luis Borges para diseccionar los sentimientos humanos permanece intacta. En una entrevista viralizada por la cuenta@borgespalooza, se lo ve al escritor argentino cuando reflexiona sobre los hilos invisibles que sostienen las relaciones personales, estableciendo una jerarquía clara entre el amor y la amistad. Para Borges, mientras el primero exige una presencia constante, la segunda habita una dimensión de mayor libertad y permanencia.
“Es que la amistad no necesita frecuencia. El amor sí, pero la amistad -y sobre todo la amistad de hermanos- no; puede prescindir de la frecuencia”. Esta distinción radica, según su visión, en la carga emocional que conlleva cada vínculo: “El amor está lleno de ansiedades, de dudas, un día de ausencia puede ser terrible; pero yo tengo amigos íntimos a quienes veo tres o cuatro veces al año y a otros ya no los veo porque se han muerto”.
Como ejemplo de esta relación que trasciende el calendario, Borges mencionó su histórico vínculo con el autor de La invención de Morel: “Ya, por ejemplo, Bioy Casares nos veremos quizá cuatro o cinco veces al año y somos íntimos amigos”. Si bien reconoció que en el pasado “se veían más a menudo” debido a sus colaboraciones literarias, el tiempo no ha desgastado la profundidad de su unión.
Finalmente, recordó a otro de sus grandes afectos para ilustrar cómo la timidez y el pudor pueden convivir con la intimidad. “(Manuel) Peyrou, quizás uno de mis mejores amigos, bueno, se casó y se olvidó decirme que se había casado”, relató con naturalidad. Para Borges, este silencio no fue una falta, sino una consecuencia del estilo de su relación: “Como hablamos de temas generales y era muy tímido también le parece, bueno, contar algo personal pertinencia, ¿no? Que nunca nos hicimos confidencias. La amistad puede prescindir de la confidencia”.


