—Anoche, en Cabildo y Teodoro García, en Belgrano, murió un hombre. Se desangró después de cortarse con algo al entrar a un contenedor de basura. ¿Qué sabés de lo que pasó?
—Cuando alguien que está en situación de calle muere, lo primero que hago es tratar de saber su nombre, si lo conocíamos, aunque una muerte es una muerte y no importa quién haya muerto. Lo primero que pensé fue cómo te tenés que sentir para entrar a un contenedor de basura. Yo, cuando tiro la basura, trato de no tocar nada, prefiero pisar la palanca para que se abra. Pero hay personas que tienen que meterse ahí adentro. Trato de imaginarme lo que se debe sentir. El olor, la incertidumbre de no saber qué hay. Pensar que alguien tiene que entrar ahí para sobrevivir, a mí me hace mal.
—A mediados del año pasado, un grupo de investigadores registró en los primeros seis meses del año, 63 muertes de personas en situación de calle en todo el país.
—Venimos escuchando sobre personas que mueren de frío, que los han incendiado o asesinado en una pelea. Pero esto no. Esto habla de desidia, de abandono, y de que no se hace lo que se tiene que hacer. Las formas de crueldad y abandono se renuevan. Ni siquiera sabemos su nombre.
—Es cierto, en la fiscalía nos dicen que no lo identificaron.
—Muchas veces se piensa la identidad desde lo legal, desde el DNI. Pero la persona en situación de calle necesita que la vean, que la nombren. Cuando pienso en que nadie sabe su nombre, lo vinculo con el hecho de que quizás no hay nadie esperándolo. Es triste.
—El Gobierno de la Ciudad dice que este muchacho, de unos 30 años, había entrado al contenedor a buscar cosas para revender. ¿Cómo se ganan la vida las personas que están en la calle?
—Hay varios perfiles. Uno relativamente nuevo, que es la persona que tiene trabajo formal o informal y vive en situación de calle. No le alcanza para pagar un alquiler que le permita vivir a menos de tres horas de su trabajo, porque suelen ser trabajos de 10 a 12 horas. Entonces hay quienes viven durante la semana en plazas para recién volver el fin de semana a su casa. Después, hay quienes hacen recolectan cartón, aluminio o cobre y se meten en los volquetes, pero no son parte de una cooperativa de cartoneros. Y por último, están las personas que se la rebuscan: que cuidan autos, hacen changas que le ofrecen a vecinos. Y tenés a las personas que no tienen la posibilidad de trabajar y piden en la calle.
—¿Cómo se salva una vida como la de este chico? Hace poco el Gobierno porteño puso contenedores “blindados” para que nadie pudiese entrar a recuperar materiales. Eso originó una polémica porque se dijo que iba a quitarle un recurso a quienes están en una pobreza extrema. ¿Qué hacen otros países?
—Te podría hablar mil horas de lo que tiene que hacer el Estado. Lo principal que necesita es una vivienda. Sé que se están haciendo grandes esfuerzos para mejorar el sistema de paradores en CABA y eso es muy valioso, pero no va a ser suficiente porque el problema está desbordando. En Europa hay 1.300.000 personas en la calle y en ese continente muchos países tienen housing first, que es la política por la que primero les dan una vivienda. La solución no es hacer volquetes blindados, la solución son las políticas públicas que hacen que una persona no necesite meterse en un volquete para sobrevivir. Tenemos que tener la madurez de dar la discusión política de cómo se soluciona esto a nivel nacional. Pero eso es utópico en un momento donde no se considera que esta sea una problemática que merezca ni siquiera una oficina de atención a nivel nacional.
—¿Por qué creés que no hay una intención de atender a esta población?
—Voy a recalcar que la falta de respuesta es a nivel nacional. Así como fui muy crítica de las políticas de situación de calle del Gobierno de la Ciudad, nobleza obliga, hoy valoro que la Ciudad intenta mejorarlas y los paradores, especialmente los dedicados a quienes tienen adicciones, son muy valiosos. Pero la gestión nacional no se está valorando la vida humana, menos la vida humana de los grupos más desprotegidos. Pensemos en los jubilados, en las personas con discapacidad. Esa es la decisión de un proyecto político que avisó que iba a hacer esto.
—Hace pocos días ustedes lanzaron una campaña que se relaciona con lo que pasó porque dicen: “Tener calle te ayuda en un trabajo, pero vivir en la calle no te permite tener uno”. ¿Por qué es tan difícil para una persona que está en la calle conseguir un trabajo o aprovechar, por ejemplo, una oportunidad que le quiere dar alguien de un trabajo equis?
—Esa campaña fue una donación de la agencia de publicidad, Humo Rojo y la productora Casta Diva. La campaña tiene que ver con que una persona que está en situación de calle vive tanto en la supervivencia que se le complica proyectar, pensar en algo que no sea cómo higienizarse, cómo bañarse, qué comer, cómo moverse de lugar en lugar porque es corrida por la policía. Por otra parte, hay otros obstáculos: para llegar a un trabajo, tenés que levantarte temprano, dormir bien para dar lo mejor de vos, ir con determinada condición de higiene, con determinada vestimenta, llegar a horario, tener un despertador, un celular, una tarjeta de transporte cargada y, si es un trabajo formal, tenés que tener un domicilio que declarar para el alta de ese trabajo. Una persona en situación de calle no tiene nada de eso. Lo que queremos visibilizar desde Multipolar es que las personas están en situación de calle no porque no quieren laburar, porque quieren pero en la mayoría de los casos no pueden.
—El censo de CABA que se difundió la semana pasada dice que casi la mitad de las 5176 personas que están en situación de calle contestó que está en esa situación porque no tiene trabajo. Pero el ministro porteño del área, Gabriel Mraida, nos decía que para él los problemas de salud mental y las adicciones eran tan importantes como el componente laboral. ¿Qué ves cuando conversás con las personas?
—Soy una ferviente militante de la salud mental y creo que la falta de ella es la causa de una gran cantidad de problemas de la actualidad y sobre todo de la problemática de la situación de calle. Hoy la situación de calle es un tema de salud pública. Y en ese marco de problemas de salud mental, uno de los mayores es el de las adicciones. Así que coincido con Gabriel Mraida. También faltan profesionales especializados en el tema, hay discontinuidad en los tratamientos de adicciones y existe una incapacidad de poder darle un turno a cada persona que necesita un psicólogo o un psiquiatra.
—El censo muestra que volvió a crecer la cantidad de gente que está en calle en CABA. Un 27% en un año. ¿Lo notás?
—Definitivamente lo notamos y creo que creció muchísimo más que un 27%. En 2025 recibimos cientos de personas que tocaban nuestra puerta. También se ven más personas en los paradores.
—¿Cómo ayudan a las persona en situación de calle a conseguir trabajo?
—En principio, hay que bajar las expectativas, porque alguien que está en situación de calle está desesperado y cree que todos sus problemas se resolverían con un trabajo, pero eso no ocurre. No hay que decirle que van a venir a Multipolar y van a conseguir un trabajo automáticamente. Hay que atender su salud mental y trabajar sobre su autovalía para poder presentarse a una entrevista y conocer qué es lo que le pueden ofrecer a una empresa.
—Si el que te lee es un empresario o emprendedor que puede dar una oportunidad de empleo, ¿qué le dirías?
—Que estamos a disposición para que se saquen las dudas sobre lo que implica contratar a una persona que estuvo en situación de calle. No tienen que pensar que se va a presentar una persona sin aseo, por ejemplo. Las personas que atraviesan el proceso de Multipolar van sorteando diferentes pasos en el camino hacia un trabajo. Hacemos todo lo necesario, de manera profesional, para facilitarle a las empresas darle una oportunidad de trabajo a quienes antes no la tuvieron.

