El cantor de tango Juan "Tata" Cedrón.El cantor de tango Juan "Tata" Cedrón.

Tata Cedrón: un ícono de la música porteña revive a su criatura con forma de cuarteto y cabeza de poesía

2026/01/20 21:00

Detrás de la mirada de Juan Cedrón hay un personaje arltiano. Uno al que Roberto Arlt nunca le puso nombre, pero bien podría ser el parte de una de sus historias. En esa mirada también hay un niño al que le festejaban las malas palabras y que usaba mucho la letra “T” para hablar (de ahí viene su apodo, “Tata”). También hay un hombre de 86, que nunca se queda quieto. Cada vez que puede sube a un escenario para cantar y tocar la guitarra, con esos poemas de Raúl González Tuñón, Homero Manzi, Juan Gelman, Luis Alposta o Arlt, que musicalizó en diferentes momentos de su vida.

Sus andanzas de la década del sesenta son conocidas en Buenos Aires, especialmente por proyectos como Gotán, ese lugar de encuentro en clima de café concert para la música, la poesía y el teatro. Después, vivió tres décadas en Francia, desde mediados de los setenta. El nuevo siglo trajo novedades. Dio vuelta la página, agrandó la familia, volvió a la Reina del Plata, para comenzar un nuevo capítulo de su vida. Viaja a Francia al menos una vez por año, porque allí están sus hijos mayores. Pero ahora es momento de quedarse en Buenos Aires, porque quién vino desde París es su amigo, el violista Miguel Praino, con quien fundó hace seis décadas, el ahora mítico Cuarteto Cedrón.

Juan

Y cada vez que se encuentran, reviven aquella formación que atravesó desde el tango y la canción criolla, una bella porción del acervo poético local. Radicado otra vez en Buenos Aires, desde hace más de veinte años, Cedrón vive en un barrio porteño de casas bajas y árboles frondosos en las veredas. En el living de su casa hay olor a partituras añosas. Son las que Tata y Miguel andan revisando. Todos los domingos de enero se presentan en Hasta Trilce. Oportunidad única para verlos juntos, reviviendo el Cuarteto Cedrón, junto a Daniel Frascoli (guitarrón) y Miguel López (bandoneón).

“Armamos todo esto, pasamos por las mismas cosas, nos entendimos”, dice Praino. Tata agrega: “Son sesenta años de oficio. De buscar, de encontrar cosas. Empezamos este espectáculo con ‘Madrugada’ [Gelman], el primer tema que hice, en 1964″, dice.

Siempre estoy llegando le pusieron por título al espectáculo. “De algún modo es un homenaje a Troilo –lo dice por el “Nocturno a mi barrio”, recitado que tiene esta frase como leitmotiv-. Y Praino, que vive en París y que viene de vez en cuando, siempre está llegando. El repertorio tiene que ver con rescatar cosas y la identidad. Con los personajes que cuenta Tuñón ¿por qué no conocerlos? También saber cómo se cantaba antes y que palabras se usaban. O las de ahora, porque también hay temas de hoy. Un panorama cultura con raíces. También es lindo comunicar a Tuñon con la poesía de [Héctor Pedro] Blomberg, el que escribió ‘La pulpera de Santa Lucía’ o ‘La que murió en París’, que era secretaria de Bomblerg y familiar de [Domingo] French. Ella es la que viajó con él a Francia y murió allá. Bueno, pero Blomberg escribió cosas como ‘La australiana’ en la misma época que Tuñón escribió ‘Eche veinte centavos en la ranura’. La idea es rescatar esas pequeñas cosas que tiene la poesía. ‘La australiana’, por ejemplo, que le puse música de cumbia y que canta Black [Rodríguez Mendez], uno de los cantantes de La Delio Valdez, habla de la muerte de un tipo. Y la letra dice: ‘de esto hará 14 años, cuando llegue Navidad’”.

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-¿Tata, volvés a París cada tanto?

-Sí, más o menos una vez al año porque tengo allá dos hijos y seis nietos.

-¿Tocan en Francia?

Praino: -Tocamos seguido hasta 2017. Íbamos y veníamos. Ahora ya no. Las cosas cambiaron bastante allá. Francia es un país especial, menos privatizado en cuanto a cultura. En cada pueblo, chico o grande, en la época de [el presidente François] Mitterand había un espectáculo, en lugares con buena técnica. Hoy no es tan así. Pero no es solo un problema de Francia, es un problema del mundo, que se pudrió.

Cedrón: -Es un estilo más norteamericano.

-¿Hay alguna época que hayan vivido y que se haya parecido a esto?

Cedrón: -Nosotros pasamos muchos años fuera de acá. Pero lo que vivimos fue una época dorada. Desde los años veinte en adelante, aparecen muchas cosas en el tango, el cine y el teatro argentino. Cuando termina la segunda Guerra Mundial, aparece Perón y comienza una política de Estado interesante. Culturalmente fue muy fuerte. Entre el 45 y el 70 diría que fue una gloria, con los baches de los golpes de estado. Pero vivimos lo fuerte de la cultura.

-¿El local Gotán fue una respuesta a qué?

Cedrón: -A nada. No estábamos en contra de nada. Tenemos una actitud crítica. Pero Gotán se hizo porque queríamos tocar. No estábamos en el circuito comercial. Cantábamos cosas de Gelman y de Urondo, no hacíamos tango tradicional ni la música del Club del Clan. Escuchábamos a Los Beatles, pero no hicimos eso, sino cosas nuestras. Gotán tenía tango tradicional y Piazzolla, folclore, obras de teatro de Paco Urondo y Tito Cossa.

-¿Cómo abrieron el lugar?

Cedrón:-Tocábamos las vernissage de los pintores, en universidades. Teníamos un amigo, José Luis Mangeri, editor de libros, que nos dijo que en Talcahuano 360 había un local que se alquilaba por sesenta lucas. Era enorme, pero no teníamos guita. Se la pedimos a Manolito Mosquera, que era cajero de la librería Fausto. Y después se la devolvimos. Rehicimos el lugar. Cuando abrimos el primer cliente pidió whisky. Le dijimos que cobrábamos por adelantado. En realidad, era porque no teníamos whisky y tuvimos que comprarlo enfrente. Gotán se llenó y nunca hicimos publicidad. Entre las diez de la noche y las cuatro de la mañana podía estar Piazzolla o Rovira, nosotros y la Porteña [Jazz Band], también alguna pieza de teatro o títeres. Fueron casi dos años, hasta que vino Onganía y todo se pudrió. Siempre estaba la policía, entraban a pedir documentos.

El cantor de tango Juan

-¿Cuando decidieron poner la vista en Europa?

Cedrón: -En el 72 estuvimos con Tato Bores, en su programa. Igualmente, laburábamos de lo que se podía. Yo daba clases, por ejemplo. Por esa época vino Paco Ibañez a Buenos Aires, con quien nos hicimos amigotes. A Paco le gustaba el Cuarteto. Nos llevó a España para tocar allá. Nos dio dos coches y nos consiguió laburo. Después fuimos a Francia, con un disco que habíamos grabado en España. Volvimos a Buenos Aires y después viajamos dos o tres veces hasta que en el 74 nos quedamos allá.

-En “Palabras sin importancia” Manzi dice “Nada acerca mejor que la distancia” ¿Tu vuelta tuvo que ver con eso?

Cedrón: -Un día Acho Manzi metió la mano en el bolsillo, sacó un papel doblado y me dijo: ‘Tomá, es un poema de mi viejo, si querés, ponele música’. Después de eso hice un disco completo con poemas de Manzi. Había varios poemas de Manzi que no tenían música. También me dio un poema que Acho le hizo a su viejo, cuando murió. Toda es vivencia fuerte, no hay negocio detrás.

-¿Cuánto pudo haber influido aquella frase en tu regreso?

Cedrón: -No sé. Yo volví en 2004. Pero últimamente sí pienso mucho en la distancia. Por mis hijos, por los amigos, por los que no están. Tipos como Jaime Torres o como Osvaldo Tarantino, que nos ayudó mucho. Lo que yo hago es rescatar cosas de las letras. Tuñón dice en ‘Los ladrones’: ‘Cada cual vive como quiere’. El otro, Shakespeare, con el ‘ser o no ser’. Mirá si mató gente para decir eso [se ríe]. O cuando Roberto Arlt dice ‘rajá turrito, rajá’, deja una frase para siempre. Manzi hablaba mucho del misterio. Mi hermano Alberto, tiraba la frase de un tango cuando le preguntabas cómo estaba. Él respondía: ‘Pagando antiguas locuras’. [vuelve a reír].

-Pero no debe haber ninguna como la que una vez te dejó tu abuelo.

Cedrón: -’Cuando se canta no se piensa mal’. Qué frase bárbara. Estamos llenos de música. [Agarra la guitarra que tiene al lado y comienza a tocar la gardeliana ‘Lejana tierra mía’ para mostrar la curiosidad de una canción que vira del modo menor al mayor con la misma secuencia de acordes].

-Cuando volviste a vivir a Buenos Aires decías que tu manera de hablar español era antigua. ¿Qué sentís ahora?

Cedrón: -Qué hablo igual. Cortázar me quería por eso. Porque hablaba como en el cincuenta.

-Ese modo es el que tenés sobre el escenario. ¿Despierta curiosidad en gente joven?

Cedrón: -En general la gente es sensible. Por algo te van a escuchar. Paco Ibáñez nos decía que nos diéramos cuenta de que esa noche había trescientas personas que habían abierto la puerta de sus casas para ir a vernos.

-¿Cómo es el tango hoy?

Cedrón: -Los pibes salieron de Piazzolla, vieron lo que había atrás. Antes los músicos se jactaban de no tocar como otros. Porque los de D’Arienzo no tocaban como los de Pugliese. Pero ahora pasan por diferentes orquestas. Un músico que tocó conmigo, al que le discutí esto, me dijo: ‘Tata, lo que pasa es que ahora es un sonido de todos’. Y eso no está mal.

Para agendar

Siempre estoy llegando, Cuarteto Cedrón. Los domingos 18 y 25 de enero, a las 20, en Hasta Trilce, Maza 177. Entradas desde $25.000.

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